Y yo le dije…
Agosto 3, 2006 a las 18:20 | En General |
Y yo le dije: “¡Oh mi señor, dame la mano!” Y él me alargó la mano izquierda, lo cual me asombró mucho, haciéndome pensar: “¡Por Alah! ¡Qué cosa tan sorprendente! He aquí un joven de buena apariencia y de elevada condición, y que está sin embargo muy mal educado”. No por eso dejé de tomarle el pulso, y receté un medicamento a base de agua de rosas. Y le seguí visitando, hasta que pasados diez días, recuperó las fuerzas y pudo levantarse como de costumbre. Entonces le aconsejé que fuese al hammam y que después volviese a descansar.
Ya estoy de nuevo entre los vivos, aunque como una sombra de lo que fui. Pese a mis temores iniciales, decidí ir al médico para ver cómo evolucionaba el brazo. Al llegar a la consulta tuvimos que coger turno como en la carnicería… ahora sé qué profético iba a resultar ese hecho. Como acudimos de los primeros no tuvimos que esperar demasiado y entramos confiados. Allí esperaba mi médico del seguro, un tal Ibn-Abbas.
–Siéntese y ponga el brazo ahí –dijo rápidamente señalando la mesa– vamos a examinarlo.
Por el volumen de personas que iban llegando a la consulta no parecía que se fuera a demorar demasiado en su examen. Tras unos cuantos ummms y ahhhs sacó rápidamente el hacha de carnicero más grande que yo había visto y sin siquiera desinfectarla me separó el brazo del cuerpo de un limpio tajo. Lo cierto es que me sorprendió un poco, pero en seguida sumergió el muñón en aceite hirviendo para parar la hemorragia, y me dio un chicle para el dolor, así que el postoperatorio no se prolongó demasiado.
–Ahora nada de hacer escalada en unos días, eh? Y dentro de dos semanas vienes a elegir el garfio.
–muchas gracias, doctor, hasta dentro de dos semanas, entonces.
Aunque tampoco puedo quejarme, no me acaba de convencer este traumatólogo… creo que voy a pedir una segunda opinión. Mientras tanto sigo guardándome la mano, igual me hago un molde para el garfio (eso sí, con USB).
PD últimamente estoy leyendo una barbaridad, incluso los mierdosos libros que me dejan mis amigos y esto hace que me pregunte… ¿realmente les gustan o lo hacen adrede para que no les pida más?
Me temo que nunca lo sabré (a no ser que me compre el detector de mentiras de oferta del FBI –a la venta sólo en televisión-)
Ahora que lo pienso, soy un desagradecido… pero qué se puede esperar de un tipo con un garfio y que come con la mano izquierda, saltándose la etiqueta más básica.
PD por cierto, lo que nos está costando acabarnos el calamar… parecemos unos vulgares cultistas.
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