Primer contacto con Guantánamo
Julio 20, 2008 a las 13:45 | En General |
El otro día, como había que esperar a que la empresa de transporte empezara a trasladar nuestro departamento, hicimos una visita a los barracones para llevar algunas cosillas especialmente delicadas. Bueno, quizás unas escaleras y un rollo de cable no entre en la estricta categoría de “delicado”… pero la insoladora sí y ¡qué demonios! teníamos bastantes ganas de ver nuestro nuevo y reluciente hogar
.
La primera impresión es, naturalmente, tipo factoría. Su propio nombre lo indica: prefabricados. Pero un ojo entrenado pronto detecta los sutiles detalles que llevan indefectiblemente a descubrir la verdadera función del complejo: “granja de pollos”. No, veamos, tendré que entrenar más ese ojo porque lo que tengo ante mí son los flamantes Barracones Para Mayor Gloria del Emperador.
Dejamos el coche en el exterior y nos dirigimos a la entrada, donde un camión ya está descargando el departamento de física y química. Una capa de polvo o arenilla fina de varios centímetros de grosor se mete insidiosamente por las zapatillas y evoca de forma sutil esos lluviosos días de invierno en los que podremos emular a la compañía del anillo en el paso por los pantanos de la muerte (me pillo ser gollum). A nuestra derecha, una valla limita el acceso a una especie de colector de aguas residuales que, según me han dicho, inunda la zona con un sutil perfume embriagador en las noches de poniente. Pero hoy no parece estar muy activo y tan sólo nos mira amenazante desde su depresión de tres metros tras la valla.
Sin más dilación entramos en el recinto, dejando atrás el cercado perimetral que sin duda disuadirá a los más pequeños de obtener la libertad de forma ilícita. Al menos eso espero… supongo que tendremos que encontrar otras formas de disuadir a los más grandes, o incluso a los medianitos. Pero no veamos el vaso medio vacío. Una vez dentro los barracones se muestran en todo su esplendor. Y es algo digno ver.
¿Cómo describirlo? son tan… ordenados! Se elevan sobre el ordinario suelo buscando la perfección en una hilera tras otra de pasillos y clases, de pasillos y clases, de pasillos y clases… Es como esos laberintos en los que todos los corredores parecen iguales. La cubierta de policarbonato da una iluminación blanca de un tono irreal que refuerza esa sensación, que sin duda desaparecerá cuando las hordas de alumnos los pueblen rompiendo el sepulcral silencio y la monocromía imperante.
Al fondo aparece el patio. Tiene su encanto, con los arbolitos diseminados y su tamaño diminuto. Al menos tenemos al lado un polideportivo en el que podremos jugar al frontón de vez en cuando y en el que parece que harán las clases de educación física.
Bueno, no tengo más tiempo, ya hablaré del departamento y de las clases (si me acuerdo).
Guillermina está aprendiendo a nadar y tras varios intentos ya se suelta en la piscina con los manguitos puestos. Está muy graciosa cuando agita brazos y piernas intentando desplazarse en el agua. Pero eso es otra historia y ahora me largo ya!
Aquí podemos observar el patio en el que se hacinarán los convictos (al menos será fácil vigilarlos).
El pasillo principal (en la realidad impresiona más)
Nuestro futuro departamento… qué ilusión!
Uno de los talleres. Dentro de poco empezaremos a llenarlo.
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