Ya voy a la final!!!
Noviembre 22, 2009 a las 1:42 | En General |Y eso que esos malditos cabroncillos se habían confabulado contra mí. Pero lamentablemente no contaban con algo tan básico como la naturaleza humana, así que la confabulación sólo duró un par de turnos, y pronto empezaron los cuchillos a volar en todas direcciones, con lo que sólo tuve que concentrarme para aplicar la técnica ninja de la invisibilidad para ir recogiendo con disimulo las figuras
y alzarme una vez más con la victoria.
Pero bueno, no voy a hablar de mi brillante carrera como samurai de pro, el objetivo de este post es narrar la experiencia del viaje a las jornadas de simulación de Alpha Ares.
Lo cierto es que tampoco es que tuviera nada que hacer allí, porque, reconozcámoslo, muy wargamero no soy, pero como Cuecue me había dado la carta de libertad contra todo pronóstico, decidí aprovechar y hacer algo de turismo por Barcelona, esperando más que nada, visitar alguna tienda y hacer unas cuantas fotos (y ya de paso, saltarme el régimen).
Salí de casa a las seis de la mañana, armado con un buen bocata, la bolsa con cincuenta mudas preparada por Cuecue (que, ya que no iba a llevarla ella, se decantó por la opción conservadora) y mi cámara de fotos. Decidí hacer caso a Ken Rockwell y llevar sólo lo imprescindible, limitar el peso al máximo y adaptarme a la configuración elegida. Vamos, que ni me iba a enterar de que llevaba la cámara. Esa era la teoría. Y hubiera sido bonito que también fuera la práctica, pero claro, ¿quién se atreve a viajar armado únicamente con un ojo de pez?. Al final me llevé la canon con el angular y la olympus con el peleng y por unos gramillos de nada me evitaba tener que ir cambiando objetivos. En cualquier caso, a esas horas de la mañana el peso no era lo más importante. Sería horas más tarde y kilómetros más lejos cuando me daría cuenta del esfuerzo muscular y los litros de sudor que traen como consecuencia la falta de previsión, la falta de planificación estratégica o, por así decirlo, alargar demasiado las líneas de suministro.
Como decía eran las seis de la mañana y me dirigía a la estación cuando sonó el teléfono. ¿Quién podía ser? ¿el de la peli “the ring”? Pues no! era Snake que llamaba para gemir con voz doliente “es que no viene el taxiiii, ¿qué hagooo?”. Interesante cuestión, ya que era él quien tenía los billetes. Pese a todo seguí conduciendo tras un par de exabruptos con la esperanza de que los problemas se solucionasen solos y sabiendo que, al menos, no habría que esperar demasiado para conocer el desenlace ya que el tren salía a las seis y cuarenta.
Tampoco hubo demasiado suspense, ya que nada más llegar a la estación Snake apareció de la nada. Supongo que al final llegó el taxi dormilón, aunque creo que nunca sabremos la verdadera historia (ni tampoco nos interesa).
Subimos al tren con la intención de dormir durante todo el camino, y si no lo conseguimos no fue por falta de ganas. Yo me dediqué a escuchar la ipod y a leer “El conde de Montecristo” y de vez en cuando miraba la película que, francamente, era un poco rollera. Y una vez en Barcelona…
Una vez en Barcelona comienza la verdadera historia. Tras salir a la superficie, Snake pudo asombrarse del enorme tamaño de la estación de Sants. Yo ya la conocía, así que pude disimular un poco más. Habíamos quedado en la puerta con su amigo, Jabor, que sería nuestro guía nativo. Y ahí empezaron las dificultades. Yo comenté, gracias a mis dotes de observación directamente heredadas del gran Hercule Poirot (sin duda habréis notado mi gran parecido físico con Peter Ustinov) que debía haber varias puertas. Snake no podía creerlo, pero finalmente se rindió a la evidencia, y después de pasar un ratillo en una (sin rastro de Jabor), decidimos ir a explorar la otra, donde tampoco tuvimos suerte. En ese momento ya empezaba a notar una cierta incomodidad por la molesta manía que tenían mis bultos de tirar insistentemente hacia abajo, así que aguzé el ingenio y comenté: “¿y por qué no le llamamos?”, a lo que Snake me respondió con la impasibilidad del que carga una mochililla a medio llenar: “Es que entre unas cosas y otras me he olvidado de anotarme el teléfono”. En ese momento empecé a lamentar todas esas historias de “aprender a delegar”, el “trabajo en grupo” y demás falsedades diseñadas para que pobres inocentes como yo carguen con enormes bultos hasta la extenuación, y recordé esa vieja máxima del Oeste: “Si quieres algo bien hecho, hazlo tú mismo”.
Lamentarse no iba a solucionar el problema, pero algo había que hacer y en ese momento dos neuronas hicieron conexión en el cerebro de Snake, que hizo sonar sus cuerdas vocales para confesar: “Ahora que lo pienso, creo que no quedamos en la puerta, sino directamente en las jornadas, que están cerca de aquí”. Pasaremos por alto mis pensamientos en ese momento. Momentos después, y al ver que la energía cinética seguía sin aparecer en el cuerpo de Snake, le comenté “pues vamos ya, no?”, a lo que respondió con un… “es que no sé ir, no he ido nunca a estas jornadas”. “No pasa nada, hombre, este pueblo no es tan grande, podemos empezar un barrido en espiral y…”
Triste, muy triste. Había que recurrir al comodín de la llamada. Cuecué nos salvaría (supongo que después de reírse a gusto, claro). Sólo había que buscar la página de Alpha Ares y ver cómo llegar a las jornadas. Pan comido. Quizás era un poco más difícil el hecho de tener que explicarlo por teléfono, pero si Alvar Núñez pudo comunicar el misterio de la Santísima Trinidad por señas a los indios, ésto no podía ser tan complicado.
Lamentablemente no contábamos con dos importantes factores:
-El diseñador de la página web.
-El uso de geometrías no eucluidianas en el trazado de las calles de Barcelona.
¿Se puede diseñar con el culo? En principio siempre soy escéptico ante ese tipo de afirmaciones. Hay que tener en cuenta que siempre se prefiere usar las manos para utilizar el teclado, no sólo por la ergonomía natural de los teclados más habituales, que parecen estar hechos específicamente para los dedos, sino por la dificultad de observar el monitor a través de un espejo en vez de verlo cómodamente de frente.
Sin embargo la página de Alpha Ares es un ejemplo, en mi opinión perfecto, de diseño anal. No recuerdo cuántas veces le tuve que sugerir amablemente a Cuecue que mirara el “cómo llegar” a las jornadas. Ahora me arrepiento de esos gritos histéricos, pues cuando posteriormente pude ver la página en cuestión con mis propios ojos, descubrí que no era tan fácil. Eso sí, había una captura de pantalla en la que aparecían cuatro calles de nombre misterioso y una leyenda que rezaba: “Click on the map to access a full Barcelona map”. Pero era mentira!!! En el google maps la pobre Cuecué no podía localizar en qué lugar de Barcelona estaban las cuatro calles. Finalmente cogió la dirección del club y nos dirigió amablemente hacia allí (hacia la plaza de España).
Tras media hora de viaje -andando, por supuesto- nos encontramos con un cibercafé y Snake tuvo la genial idea (y en ésto sí que le tengo que estar agradecido) de entrar para ver si realmente estábamos yendo en la dirección adecuada.
Y no, las jornadas no se hacían en el club, sino en ‘Les Cotxeres de Sants’. Pudimos comprobarlo por una nota tamaño Arial 6 que había bajo el minimapa de encuentra a Wally (cómo llegar). Cuecué tendrá que mejorar sus habilidades de “leer bajo presión” (aunque seguro que las deja como están, al fin y al cabo ella no cargaba las bolsas). Bueno, ya sabíamos por fin dónde era. Ahora ya sólo quedaba desandar todo el camino y seguir un ratillo más.
El local donde se celebraban las jornadas. Esas formas curvas son típicas de la arquitectura barcelonesa (hay que tirar cordura)
Al final llegamos a las jornadas. Hordas de frikis se arremolinaban frente a extensos tableros con fichitas, frente a detallistas dioramas de batallas famosas y, dándoles de comer aparte, frente a campos y campos de blood bowl.
Snake pudo por fin encontrarse con Jabor (sí, fue la típica escena corriendo en la playa) y se puso inmediatamente a jugar con otros tres tarados al world at war… nada de escenarios, la guerra completa. Yo pude descargar y dedicarme a las fotos.
Snake comentando al embajador alemán en París: “Que me vais a invadir? Esas tenemos? Pues os vais a cagar… va a ser como en la gran guerra! no sabéis cómo se las gastan los franceses!”
Pronto vino JD y como quien no quiere la cosa nos pusimos a jugar a un “Cruzada y Revolución” que había desplegado por ahí. Estaba el diseñador y todo, y fue muy amable con nosotros. Yo diría que eso fue lo único que salvaría de las jornadas, la verdad es que el juego me gustó bastante.
Por la tarde del sábado nos fuimos de tiendas. Esta vez el guía iba a ser JD, que había prometido llevarnos al “triángulo friki”. De nuevo pude lamentar haber llegado a conocer el significado del verbo “delegar”. JD demostró ser tan inútil como Snake, yo mismo tuve que guiarle a Gigamesh (gracias a mis viajes anteriores sabía más o menos por dónde caía). Después se limitó a decir que las tiendas estarían “por ahí en esa manzana” y vagamos sin rumbo durante un rato, encontrando un par de tiendas raras y poco más.
Al menos nuestro anfitrión, Jabor, se portó muy bien. Nos llevó a cenar a un fenicio (y yo que creía que fenicio tenía connotaciones despectivas, “estos ibicencos son unos fenicios”, pero parece ser que no
) que estaba bueno aunque fuera demasiado pesado para una cena y aguantó con gran entereza los rollos económico-apocalípticos de Snake y JD, así como las absurdas disquisiciones sobre sistemas de reglas, rollos históricos y demás.
El cruzada y revolución. No es que sea especialmente fan de la guerra civil, pero no estaba mal
foto de conjunto
jugando con figuritas
Sí, el cosplay también afecta a los wargameros
Mira como se mueven!
La torre de dados mola
3 comentarios »
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Tu mejor post hasta la fecha. Los tres lectores que te quedan te lo agradecemos.
Comentario por Arensivia — 22 Noviembre 2009 #
Gracias, gracias, a ver si convenzo a mi hermana de que me lea y ya somos cuatro
PD ¿hace un cruzada y revolución por vassal?
Comentario por luisoyo — 23 Noviembre 2009 #