Síndrome post-vacacional

Abril 5, 2005 a las 7:05 | En General |

tulipanMañana ya vuelvo a las clases y me temo que tengo el síndrome post-vacacional. Y es que me pongo delante del ordenador y me pregunto: ¿qué hago ahora? Ya no tengo un objetivo al encenderlo. Me he acabado el farcry, el sacred… el kotor y el kotor 2 están lamentablemente abandonados y el world at war demanda insistentemente que me lea las instrucciones, y no acabo de decidirme con las 190 hojillas de nada. ¡Ya sólo me queda leer blogs de forma compulsiva y reencuadrar viejas fotos!
Bueno, vale, lo reconozco… puede que lo que he escrito ahí arriba no tenga mucha relación con el síndrome ese. Pero como coinciden las fechas, ¡algo tendrá que ver!
Así que en este ambiente de hastío absoluto y total decadencia de las costumbres de la sociedad actual (motivadas por la falta de trabajo físico duro) he decidido comprarme unos patines en línea.
Y es que la humillación de hacer el ridículo públicamente, junto con las múltiples contusiones y el cansancio muscular, me devolverán esa humildad y esa sencillez de espíritu necesarias para disfrutar de nuevo de los juegos de ordenador y de las pequeñas satisfacciones que proporciona el trabajo diario. Eso sí, he estado practicando en la terraza, para poder mantenerme erguido al menos unos metros.

En realidad, claro, la idea no ha sido mía. No en vano me llaman Lañaman. Mi hermana, aconsejada por una amiga de la empresa (que probablemente desea quitarla de en medio), quería comprárselos para probar, así que aprovechando la visita de rigor al Corte Inglés (junto con Cuecué) hicimos una compra triple. Yo realmente no quería, pero no tuve la fuerza de oponerme pues en esos momentos ya hacía bastante manteniéndome vivo, en una cruenta lucha contra la indigestión crónica del empacho de dulces (fueron momentos realmente dramáticos).
Una vez en casa mi hermana no tardó ni dos segundos en decidir que eso de las ruedas bajo la suela no era una solución muy estable para el calzado, así que ni corta ni perezosa los devolvió al día siguiente. Cuecué, que ya conocía los patines del hielo, se movía con cierta gracia por el pasillo molestando al vecino de abajo (el maquinero), así que no quiso ni oír hablar de una posible devolución. Y yo, naturalmente, aun coincidiendo con el criterio de mi hermana, debo seguir los consejos de mi mujer. Nunca es demasiado tarde para aprender cosas nuevas… (espero no arrepentirme demasiado)

PD Ayer llovió intensamente por la noche y tuvimos que entrar los tulipanes y el ciclamen. Hice una buena sesión de fotos, y aunque me repita más que el ajo… estos tulipanes son realmente bonitos.

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