El título del blog vuelve a cobrar sentido

Junio 19, 2007 a las 1:48 | En General | Sin comentarios

insti lliria... amenazan con llevarme a la fuerzaComo todos los años, mi blog vuelve a tener su sentido original. De un compendio de textos chorras con mis historias pasa a ser un plañideo patético en el que me quejo del Destino (Némesis en mi caso).
Y naturalmente mi Destino está en Lliria, me lo dieron hace un par de años. Lliria, para quien no lo sepa, está en lo que técnicamente se conoce como “culo del mundo”. He preferido suprimir el párrafo en el que decía las chorradas esas de “no me puedo quejar, hay compañeros que están más lejos” y demás tonterías sin sentido. Porque si algo he aprendido en todos estos años de docencia es que el quejido y el lamento son un derecho fundamental de la persona, como de hecho se recoge en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (cap III, parrafo 27).
Y es que entre unas cosas y otras, el año que viene no podré elegir horario de tarde en mi instituto (probabilidad 99%) y, claro, para ir por la mañana y chuparme a espuertas las siempre interesantes guardias de la ESO, podría volver (es un decir) cual hijo pródigo a mi Destino. Sí, en Lliria tendré que chuparme las dichosas guardias igualmente, pero al menos no seré un paria -aka comisión de servicios- y escalaré al Olimpo de los profesores con plaza, que pueden saber antes del verano los módulos que impartirán.
Esa era la teoría.
Pero si algo aprendí en Físicas (tras mi etapa de aventurero en Cimeria) es que la teoría debe apoyarse en la experimentación. Así que ni corto ni perezoso me calcé las botas de siete leguas, cogí el cayado del peregrino y la cámara y me lancé al camino. Debí haber cogido provisiones.
El plan parecía sencillo: vas en coche a Paiporta, coges el metro, llegas a Lliria y andas un ratillo al instituto. La primera fase fue bastante sencilla, pudimos aparcar a pocos metros de la estación. Nota: no uso el plural mayestático, logré convencer a Cuecue y a Guillermina (antes Noname) para que me acompañaran. Incluso tuvimos la suerte de coger uno de esos metros nuevos, ni siquiera olía a meado!
La segunda fase fue ciertamente tediosa. El tiempo se alargaba y empezaba a combarse mientras yo iba poco a poco cambiando hasta parecerme sospechosamente a Phileas Fogg. Las paradas se sucedían monótonamente, y parecía que esta vez no nos iba a perdonar ni un solo apeadero. Ya estaba a punto de invitar a una partida de Whist a mis compañeros de trayecto cuando llegamos por fin… una hora y cinco minutos después.
Salimos de la estación y, bueno, ¿habéis oído hablar del choque cultural? ¿os habéis sentido como un Erasmus? Pues Lliria es así, como una torre de Babel pero sin torre. Aunque para compensar tienen cuestas (fundamentalmente hacia arriba) que llevan al instituto. La verdad es que pasear por allí era un poco chocante. Por un lado toda esa gente hablando en sus respectivos e incomprensibles idiomas exóticos y por otro la apariencia “de pueblo pueblo” que hacía que esperaras ver salir de cualquier esquina al tío de la boina, con su correspondiente cayado y/o bocata de chorizo.
Tras veinte minutos de exploración ya estábamos en mi insti. Ahora sólo quedaba la vuelta.
Tiempo total de viaje en metro: 1h30 min (y soy benévolo).
Tiempo total en coche: 45 min (de otra vez que fuí).
A la mierda.
Mañana me pido una comisión de servicios a un instituto que esté más cerca, a ver si les enternezco con Guillermina… dejaremos el olimpo de los profesores con plaza a quien se lo pueda permitir.

no se lo digais a nadie, pero cuecue decia que eso era griego :-)

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