El paseo diario

Junio 20, 2007 a las 0:30 | En General | 2 Comentarios

Mi pasiflora (fotografiada con el zoom de mis tios)Lo cierto es que esto pasó antes del último post, pero creo que todos soportaremos el salto temporal.
Todo sucedió la tarde del domingo. Decidimos ir a pasear como siempre, pero en vez de ir hacia la ruta del colesterol nos dirigimos hacia los túmulos. Pasamos junto al colegio, bordeamos la Florida y, al final de la calle ahí estaban. Y había alguien más… un tío con una réflex digital sacándole fotos al túmulo! Y detrás una chica con pinta de aburrida que le cogía la bolsa. Miré a mi alrededor y con alivio me di cuenta de que no era Navidad. Uff… Dickens había estado cerca, pero había fallado. El tipo ese no tenía ninguna moraleja para mí, pero aun así me hizo reflexionar… “llegas tarde, pardillo, yo he hecho la foto primero :-) ”.
Si esto ya fue suficientemente emocionante, el paseo no había hecho más que empezar. Entramos por parking del polideportivo. En cuanto avanzamos unos pasos las palabras “peli de zombies” y “holocausto nuclear” resonaron en mi cabeza. Era bastante inusual avanzar por las instalaciones habitualmente llenas de gente y no ver ni un alma. También resultaba extrañamente agradable. Llegamos hasta la otra puerta, para completar el recorrido y volver a casa, pero estaba cerrada. Qué raro… decidimos volver sobre nuestros pasos, Cuecue ya se mostraba algo nerviosa. Cuando llegamos a la puerta del parking por donde entramos, también estaba cerrada. ¿sorpresa? Bueno… a esas alturas no tanto. Estábamos atrapados. Y Cuecue no podía saltar la valla. ¿tendríamos que pasar noche allí, muriendo desangrados por los mosquitos? En mi defensa diré que no tenia ni idea de que el parking se cerraba… de hecho ¿cerraban el poli? Claramente se trataba de una pifia en conocimiento del mundo.
Gracias a Dios Cuecue había cogido el móvil en el último momento, y pudimos llamar al Sr. Lobo (mi madre) que contactó con la policía local para que nos sacara de allí. En cualquier caso estuvimos un buen rato tras la reja y los paseantes, que los había en cierta abundancia, nos echaban miradas de extrañeza al vernos allí atrapados. Hasta creí ver relucir un cacahuete a punto de ser lanzado.

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