Empieza la lucha
Septiembre 7, 2007 a las 8:37 | En General | 5 ComentariosBueno, no tengo mucho tiempo que me voy al hospital otra vez. Intentaré ser breve: la vida es un infierno. Pero no nos quedemos en la descripción general, concretemos un poco más. Anteayer ingresó la pobre Cuecue para que le indujeran el parto. Lo hizo voluntariamente sin intentar escapar probablemente porque nunca ha sido capaz de ver el futuro (y eso que se lo tengo dicho). El caso es que al principio empezó suave, le pusieron un gel para que empezara a dilatar y pasó el día sin pena ni gloria, sin dolores ni alegrías. Guillermina por su parte pasaba de todo porque siempre ha sido bastante comodona y no veía razón para cambiar.
Por la noche nos aguardaba una celebridad como compañero de habitación. Yo siempre creí que las grandes estrellas preferían la sanidad privada -supongo que por snobismo- pero el grandemente aclamado roncador de venecia tiene una personalidad humilde y cercana al gran público. Naturalmente no pudimos pegar ojo por la emoción -bueno, isabel sí, pero es que ella es algo insensible-.
Pero no lo suficiente! porque al día siguiente empezó el tratamiento con la oxitocina (también conocida por los torturadores como “hormona del dolor”). A mí no me dejaban entrar y me entretenía tranquilamente subiendome por las paredes junto con los miles de parientes que acompañaban a la horda de parturientas.
Pasó el tiempo, y salían niños uno tras otro mientras el número de parientes descendía. Yo pude escaparme unos segundos a mear y a la hora de comer me fuí a comprarme un tokke de la máquina. Isabel seguía sin aparecer y empecé a sospechar de los mallorquines… siempre sospecho de los mallorquines desde que me enteré que hacen la sobrasada con turistas alemanes.
Finalmente, a las cinco me dejaron entrar a la casa del dolor. El doctor Moreau estaría orgulloso… aunque lamentablemente megafonía anunciaba que había dejado el edificio. Qué decir de los gritos de las parturientas… que reconozco que interiormente me parecían graciosos y algo ridículos (sí, acababa de leer a Wilde), claro que eso fue hasta que vi a Isabel retorciendose de dolor, entonces ya no parecía tan divertido.
La pobre sufrió lo suyo y lo peor es que sufrió por nada… Estuvo desde las nueve y media hasta las siete de la tarde intentando dilatar, con dosis de oxitocina capaces de hacer parir a un caballo (posible exageración). Al final no esperaron más y le hicieron la cesarea. Pobrecilla, rajada de arriba a abajo. En fin, al menos guillermina está ya entre nosotros, me voy al hospital a verla. Espero que haya valido la pena, la verdad, aunque con tantos dolores creo que la próxima vez no será ni niño ni niña… será gato. Porque ya hay mucha gente en el mundo joder! ¿es que nadie se da cuenta?



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