El tiempo ha escuchado mis plegarias

Febrero 19, 2008 a las 22:44 | En General | 1 Comentario

_2057060Y ha evitado que tenga que afrontar una excursión más, quizás la última (uno nunca sabe si llegará a volver). El caso es que ha llovido hoy y he podido escaquearme sin que se note demasiado… Hasta otra! Excursión rompepiernas! (se nota que exudo felicidad?)
Lo cierto es que desde que se me estropeó, por enésima vez, la correa del reloj he estado haciendo mucho más ejercicio, así que mi estado de forma mejora día a día, aunque lamentablemente no lo bastante rápido… no lo bastante rápido.

Pero empecemos por el principio. Hace no demasiado tiempo, comenté por aquí mis problemas con el reloj. De hecho, estuve a punto de cambiarlo por otro con muchas más funciones, aunque finalmente lañamán actuó de nuevo y me contenté con cambiarle la correa como ya marcaba la tradición. Pues bien, hace un par de semanas volvió a romperse la correa. Sinceramente empiezo a sospechar que alguno de mis ancestros pudo tener como pariente lejano al octavo pasajero, porque sino no se explica que mi sudor tenga un poder corrosivo tan letal.
En fin, ésta vez pensaba darme un caprichito -una vez más- y nadie iba persuadirme para que reparara de nuevo esa correa maldita y así conseguir el record mundial de cambio de pilas.
Es cierto que le tengo un cariño especial a mi relojillo, no en vano me ha acompañado desde la más tierna infancia… pero ese amor siempre ha tenido sus altibajos, en especial cuando había poca luz y no podía leer la hora. No, no es que no acertara en el botón adecuado, es que el reloj no tiene ningún sistema de iluminación. Y sí, es un gran fastidio (por no decir otra cosa). Desde entonces siempre al comprar un reloj recuerdo preguntar: “¿tiene luz?”. Los dependientes suelen poner caras raras.

Pues bien, descartada la opción de altímetro y barómetro por ser de escasa utilidad, como comprobé en la ocasión anterior, sólo quedaba una pijería a la que agarrarme: iba a ser un reloj de los que cuentan el ritmo cardíaco. Y además coincidiría con una progresiva concienciación de que parecerse a Marlon Brando de mayor no acaba de molar.
Así que rompí mi cerdito y me dirigí a la tienda raudo y veloz.
Tras una cierta confusión inicial, y guiado una vez más por los infalibles criterios estéticos -que en todo momento primaron sobre cualquier otro criterio- de mi mujer y de Juan, me compré un Polar F55.
No está nada mal, te programa los ejercicios semanales y te fuerza a quedarte en tu zona aeróbica aunque te emociones pedaleando. Y eso te evita las molestas agujetas, aunque lamentablemente no el cansancio muscular generalizado en el que se ha convertido mi vida desde entonces.
Tan sólo le echo en falta una cosa, un pequeño detalle que esperaba que hubieran incluido en el aparato: no te da descargas eléctricas para cuando no cumples los objetivos semanales.

Y ahora… la sección de Guillermina que no podía faltar:
- le hemos puesto pendientes.
- le he dado su primera papilla.
- le hemos comprado una trona (quizás debí haber puesto esto antes).
- le gusta dirigir.

Lo de los pendientes ha sido una decisión ardua y compleja. Yo, como mi héroe de “El maestro y margarita” Poncio Pilatos, me he lavado las manos. Lamentablemente la señora presidenta del Sanedrín ha forzado la decisión y la justicia romana no ha tenido más remedio que mostrarse implacable. La ejecución, eso sí, fue rápida y casi sin dolor (nada de esas antiguas crucifixiones tan pasadas de moda). Ya veremos lo que pasa dentro de tres días.

La primera papilla siempre marca, desde luego, pero tengo que decir que la monilla se la come bastante bien con verdadera ansia.

Para darle la papilla hemos usado por primera vez la silla de tortura trona que le hemos comprado. Un artilugio medieval bastante aparatoso y molesto, que cuando se pliega se convierte en un artilugio medieval aparatoso y molesto plegado. Eso sí, ahora se puede sentar al nivel de todo el mundo en la mesa, con lo que no tendré que agacharme para que me coja el dedo mientras como.

Y debo concluir el informe bimensual de Guillermina con las extraordinarias dotes de dirección que ha adquirido en poco tiempo. El otro día, sin ir mas lejos, dirigió en el Palau de la Música a la mundialmente famosa orquesta “Luis P. Baremboin”, interpretando una pieza de Mussorgski, “Cuadros en una exposición”. Los aplausos duraron varios minutos, e incluso hubo que sacar a algunos de los asistentes en ambulancia.
Lamentablemente, fuentes bien informadas parecen indicar que, en secreto, sus preferencias musicales van más allá de los clásicos y se centran en el mundialmente famoso compositor M.C. Hammer, con su inmortal pieza “can’t touch this”.

PD mirad este enlace antes de votar!!!!

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