El sermón del domingo, el día del señor

Marzo 6, 2010 a las 22:26 | En General | 3 Comentarios

Éste es el contenido del correo que les envié a mis alumnos hace dos semanas. La asignatura de proyectos, que estoy dando este año, me va a costar la salud. No hay forma de que esos vagos tengan la más mínima iniciativa, el más mínimo interés. Ahora que se acerca la fecha final la desesperación va creciendo, el desánimo y la resignación también. Yo siempre les aconsejo: “si os tenéis que suicidar, al menos conseguid explosivos y volad el instituto con todos nosotros dentro”. No sé si es un buen consejo, pero es bonito ver de vez en cuando una chispa de interés y de motivación en esas caras normalmente apáticas y aburridas. En fin, basta de introducción, ahí va:

Hola a todos:

Como pudisteis observar con alivio, ayer tan sólo os envié el proyecto corregido, sin poder hacer ningún comentario sobre lo que realmente pienso sobre la marcha de la asignatura ni sobre el sentido de la vida. No fue por falta de ganas, sencillamente no pude disponer del suficiente tiempo como para redactar una carta tan extensa.
Pero hoy, en la quietud del hogar dormido, creo que seré capaz de llevar a buen fin la tarea.

Para empezar creo que debo comentar que no estoy demasiado contento con lo que me habéis entregado. Es más, creo que refleja con una fidelidad fuera de toda duda el tiempo empleado en su elaboración, que en su gran mayoría ha sido vergonzosamente escaso.
Por otra parte, he observado una cierta tendencia a la “inspiración” sobre viejos proyectos. No niego que en un principio alenté esa tendencia, pero siempre para que construyerais vuestro proyecto con actitud crítica sobre los anteriores, para que encontrarais ejemplos que clarificaran las directrices de los puntos del proyecto. No tiene demasiado sentido hacer un copiar y pegar de un proyecto que ni siquiera sabes si es correcto. Claro que, con vuestra visión de la asignatura supongo que sí que tiene sentido, ya que aun habiendo pocas posibilidades de ganar, al menos no se pierde nada por intentarlo.
Y con esto querría enlazar con el concepto más interesante de este correo: vuestro concepto de la asignatura. Me da la sensación de que todavía creéis -y ya es raro después de lo mucho que os he repetido lo contrario- que el módulo de proyectos es como cualquier otro (Digital, por ejemplo), que tiene unos apuntes, unas explicaciones, unos exámenes -en este caso un trabajito-. Vamos que podéis venir a clase a dormitar, estudiar un poco en casa antes del examen o dedicarle cuatro tardes a pergeñar un documento más o menos coherente, aprobar con un cinco pelado y a otra cosa.
Lamento informaros que no es así. Ésta es una asignatura en la que, aunque parece que se evalúa un proyecto electrónico, lo que realmente cuenta para aprobar o suspender -y me gustaría que lo tuvierais tan claro como yo-, es vuestra madurez como trabajadores. Es por esa razón por la que se os pone un trabajo largo y no un trabajito que se pueda acabar en un fin de semana.
Por otra parte, las reiteradas quejas de que no os ayudo no tienen demasiado sentido, ya que realmente no estoy para eso. El proyecto hay que hacerlo con los conocimientos adquiridos en los demás módulos del ciclo, yo sólo tengo que indicaros la forma que debe adquirir el proyecto y cómo usar determinadas herramientas, desde el project hasta el kernel de Elan. Por decirlo en otras palabras: Yo sólo disparo la flecha, VOSOTROS tenéis que seguir la dirección.
Actualmente hay una gran multitud de herramientas a vuestra disposición para, por ejemplo, consultar cómo son los medios de fabricación para una pequeña tirada, qué máquinas se pueden utilizar, cómo se concreta un plan de seguridad en una cadena productiva, qué es un plan de calidad y cómo se concreta en una determinada empresa.
Evidentemente quien se queda en clase jugando o pensando en las musarañas porque no sabe cómo continuar (al menos me gustaría pensar que es por eso y no directamente por vaguería recalcitrante) no demuestra el grado de madurez que requiere esta asignatura o más bien este ciclo.
Así que tenedlo bien en cuenta, aquí no va a aprobar quien no sea capaz de buscarse las lentejas aunque sea mínimamente.

Una vez dicho esto, y como tampoco quiero cargar sobre mi conciencia cualquier acto desesperado surgido a raíz de este correo :-) , me gustaría abrir una pequeña ventana a la esperanza. Aún hay tiempo. Si trabajáis en clase y complementáis con un poco de dedicación en casa, todavía es posible entregar un documento que tenga posibilidades de aprobar.

PD el pdf de los riesgos que os pasé a todos es sencillamente un ejemplo de lo que es una evaluación de riesgos (he podido observar que en los proyectos pasados tampoco hay nadie que lo tenga mínimamente claro). Se lo expliqué con más detalle a Carlos en su corrección, preguntadle a él.

PD Y finalmente para los victimistas que sólo saben lamentarse y encuentran multitud de justificaciones para sus actos reprobables (aunque en éste caso más bien sería un no-acto reprobable :-) siempre quedará la conciencia, como decía ya hace algún tiempo nuestro héroe el Conde de Montecristo.
cito:

‑Pero queda la conciencia ‑dijo la señora de Villefort con voz conmovida y un suspiro ahogado.

‑Sí ‑‑dijo Montecristo‑, sí, por fortuna queda la conciencia, sin la cual sería uno muy desgraciado. Después de toda acción un poco vigorosa, la conciencia es la que nos salva, porque nos provee de mil disculpas de que sólo nosotros somos jueces, disculpas que, por ex­celentes que sean para conservar el sueño, serían mediocres ante un tribunal para conservaros la vida. Así, pues, Ricardo III, por ejem­plo, tuvo que agradecer mucho a su conciencia después de la muerte de los dos hijos de Eduardo IV. En efecto, podía decir para sí: Estos dos hijos de un rey cruel, perseguidos y que habían heredado los vi­cios de su padre, que yo sólo he sabido reconocer en sus inclinaciones juveniles, estos dos niños me molestaban para hacer la felicidad del pueblo inglés, cuya desgracia habrían causado infaliblemente.

Igualmente debía estar agradecida a su conciencia lady Macbeth, que quería dar un trono, no a su marido, sino a su hijo. ¡Ah!, el amor maternal es una virtud tan grande, un móvil tan poderoso que hace perdonar muchas cosas. Así, pues, muerto Duncan, lady Macbeth hubiera sido desgraciada a no ser por su conciencia.

cala a punto de desplegarse

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